El FAT prueba los equipos en fábrica, antes de que salgan hacia la obra. El SAT los prueba ya instalados, en el sitio donde van a trabajar. Esa es la diferencia, y de ella se derivan casi todas las demás.

La pregunta que importa no es cuál de las dos hacer, porque no compiten. Es qué se descubre en cada una, y sobre todo qué pasa cuando se salta la primera.

La referencia internacional para estas pruebas es la norma IEC 62381, «Automation systems in the process industry - Factory acceptance test (FAT), site acceptance test (SAT), and site integration test (SIT)», cuya edición vigente es la tercera, de julio de 2024. Está escrita para la industria de procesos, pero su estructura de pruebas es la que se toma como referencia en el resto de los sectores.

La tabla, para quien vino a eso

FAT SAT
Dónde En las instalaciones del proveedor, la fábrica del fabricante o el taller del integrador En el sitio de instalación
Cuándo Antes del envío Con el equipo ya instalado y energizado en su sitio definitivo
Qué prueba Que el equipo hace lo que se especificó Que la instalación quedó conforme a la especificación, a las normas aplicables y a las instrucciones de montaje
Quién está Fabricante, integrador y normalmente el cliente Integrador, cliente y a veces el fabricante
Qué se corrige Configuración, personalizaciones, parámetros de diseño Ajustes de integración, puntos de campo, condiciones reales
Qué cuesta corregir Poco. No hay nada montado y el fabricante está delante Mucho. Hay obra en marcha y otros contratistas esperando
Qué se firma El informe de la prueba, su certificado y la lista de pendientes El certificado de aceptación en sitio y su lista de pendientes

La columna que decide es la de lo que cuesta corregir. Casi todo lo demás se deriva de ahí.

Hay una tercera prueba que la norma separa y que conviene no confundir con el SAT. Es el SIT, la prueba de integración en sitio, que comprueba que los distintos subsistemas funcionan juntos como un solo sistema, y su requisito previo es tener el SAT terminado. En proyectos pequeños las dos se ejecutan el mismo día y nadie las distingue. En proyectos con varios subsistemas de varias marcas, separarlas es lo que permite saber si el problema es de un equipo o de la integración.

Qué se hace realmente en un FAT

En un FAT se arma el sistema, o la parte del sistema que se pueda armar, en las instalaciones del fabricante. Se conecta, se energiza y se ejecuta un protocolo de pruebas acordado de antemano, punto por punto, con el resultado de cada uno anotado.

Lo valioso de ese momento no es marcar casillas. Es que cuando se tiene la oportunidad de probar los equipos junto con el fabricante, se pueden hacer las correcciones de lugar y las personalizaciones convenientes antes de la implementación. En ese punto también se pueden reconfirmar o corregir todos los datos que se plantearon durante el diseño, que es cuando todavía se pueden cambiar sin que cueste.

Esto último es lo que más se subestima. Un diseño se hace con información que en parte es supuesta, la que dio el fabricante en su catálogo, la que dio el cliente sobre su instalación y la que se asumió porque nadie la tenía. El FAT suele ser el primer momento en que el comprador contrasta esa información contra el equipo real, y el último en que corregirla cuesta poco. La norma da por hecho que el proveedor ya hizo sus pruebas internas antes, porque esa prueba interna es requisito para convocar el FAT y no parte de él.

Qué se hace en un SAT

El SAT se ejecuta con el sistema ya instalado y energizado en su sitio definitivo. Lo que comprueba es que lo que llegó se montó como debía, con inventario de hardware y software, inspección mecánica, cableado y borneras, redundancias, entradas y salidas. La integración con el resto de los sistemas es la prueba siguiente, el SIT.

Hay cosas que solamente pueden probarse en esta etapa. Cómo se comporta con los equipos que ya estaban, con la calidad de energía que hay en ese sitio, con los enlaces de comunicación reales y con las personas que van a operarlo. Un equipo puede pasar un FAT impecable y encontrar en sitio que el punto de campo al que debía conectarse está cableado distinto a como decía el plano. Eso no es un fallo del equipo ni del FAT, es información que no existía antes de llegar, y por eso las dos pruebas no se sustituyen. La de fábrica responde si el sistema hace lo que se pidió; la de sitio responde si lo hace aquí, con lo que hay.

Cuando el SAT sale bien, lo que sigue es el SIT, si el proyecto lo separa, y después el commissioning y la entrega. Cuando sale mal, lo que sigue depende mucho de si hubo FAT.

Lo que pasa entre una prueba y la otra

Entre el FAT y el SAT hay un tramo que casi nunca se prueba y en el que sí pasan cosas. El equipo se embala, viaja, espera en un almacén y se recibe en obra, a veces con semanas de por medio y a veces en condiciones que nadie eligió.

Un equipo que salió de fábrica funcionando puede llegar a sitio con un conector suelto por vibración, con humedad dentro si el almacenamiento no fue el adecuado, o con una tarjeta dañada por una descarga durante la manipulación. Nada de eso invalida el FAT, que se hizo bien y sobre el equipo correcto. Simplemente ocurrió después. No es un tramo que las normas ignoren por descuido, porque la IEC 62381 lo deja fuera de su alcance a propósito y pone el envío como requisito previo del SAT. Lo que ocurre en ese hueco es del proyecto, no de la prueba.

Por eso la recepción en obra merece más atención de la que suele recibir. Verificar el embalaje antes de firmar la entrega, comprobar que llegó todo lo que la lista dice y en qué estado, y dejar constancia de cualquier daño en ese momento y no cuando el equipo ya está montado. Una vez instalado, discutir si el golpe venía de fábrica o se hizo en obra es una conversación que nadie gana.

En proyectos donde el equipamiento pasa mucho tiempo almacenado antes de instalarse, conviene además pactar quién responde por él durante esa espera. Es una línea de contrato que ocupa dos renglones y evita un problema caro.

Qué pasa cuando se salta el FAT

Saltarse el FAT no ahorra trabajo, lo traslada al momento y al lugar donde cuesta más. Es una decisión que casi siempre se toma por calendario, cuando el proyecto va justo y la prueba de fábrica parece el paso más fácil de sacrificar porque todavía no hay nada instalado que enseñar.

Si en el FAT se logra detectar algo a tiempo, se evita transferir el riesgo hasta la obra, o al menos se detecta con anticipación, que ya es bastante. Sin FAT, ese mismo hallazgo aparece en sitio, con la instalación montada, con el plazo corriendo y con otros contratistas dependiendo de que este sistema quede listo para entrar ellos.

Y hay un segundo efecto, menos visible. Sin FAT, el SAT se convierte en dos pruebas a la vez, la del equipo y la de la integración. Cuando algo falla ahí, separar una causa de la otra lleva tiempo, y ese tiempo se consume con todo el mundo esperando.

Nuestra posición es que el FAT se justifica siempre que el alcance lo permita. No siempre lo permite, porque hay equipamiento que no se puede armar fuera de sitio y hay plazos que no dan. Pero cuando se puede y se decide no hacerlo por ahorrar unos días, esos días se pagan con creces más adelante.

Cómo es un protocolo de pruebas

Un protocolo de pruebas es la lista de qué se va a comprobar, cómo, y cuál es el resultado esperado en cada punto. Se acuerda antes de la prueba, no durante. No es solo criterio nuestro, porque la IEC 62381 clasifica el plan de pruebas como una actividad previa, en cláusula aparte de la ejecución, tanto para el FAT como para el SAT.

Eso último parece obvio y es donde se tuerce con más frecuencia. Un protocolo improvisado el mismo día se convierte en una demostración, donde el fabricante enseña lo que su equipo hace bien, todo el mundo asiente y se firma. Una demostración no es una prueba de aceptación.

Un protocolo útil incluye al menos esto:

El punto de las condiciones anormales es el que más valor da y el que más se omite. Probar que el sistema funciona cuando todo está bien es el caso fácil, y no es para eso para lo que se compró.

Qué le toca al cliente en todo esto

Una prueba de aceptación es del cliente aunque la ejecute otro. Tres cosas hacen la diferencia entre asistir y participar.

Revisar el protocolo antes, no el día de la prueba. Si hay una función que a usted le importa y no está en la lista, ese es el momento de decirlo.

Ir, o mandar a quien vaya a operar el sistema. El FAT es la primera oportunidad de ver el equipo funcionando con el fabricante delante para preguntarle, y esa oportunidad rara vez se repite en las mismas condiciones.

Exigir que lo que no pasó quede escrito con plazo y responsable. Un hallazgo que se resuelve de palabra en la sala no existe dos semanas después.

Y al cierre, la documentación. Lo que se entrega tiene que ser el registro de cómo quedó la instalación realmente, no el diseño original. Es una de las cosas que con más frecuencia encontramos desactualizada en campo, casi siempre porque un arreglo temporal se quedó permanente sin que nadie actualizara el plano.

Preguntas frecuentes

¿Qué es FAT y qué es SAT?

FAT es la prueba de aceptación en fábrica, ejecutada en las instalaciones del fabricante antes de enviar el equipo. SAT es la prueba de aceptación en sitio, con el equipo ya instalado e integrado. Se complementan y no se sustituyen.

¿Qué son las pruebas FAT, CAT y SAT?

FAT y SAT son dos de las cuatro que define la norma internacional de referencia, la IEC 62381, junto con la integración en fábrica (FIT) y la integración en sitio (SIT). Ninguna de las cuatro se llama CAT. El término circula en artículos del sector con dos significados distintos, prueba de aceptación del cliente en unos y pruebas de aceptación de ciberseguridad en otros, así que conviene no darlo por entendido y pedir que lo definan si aparece en un pliego. La verificación del sistema contra lo que el cliente contrató, que suele ser lo que se quiere decir, va dentro del SAT y se cierra con su certificado de aceptación.

¿Qué es el protocolo de FAT y SAT?

Es el documento que define qué se va a probar, cómo, y qué resultado se espera de cada punto. Se acuerda antes de la prueba y se firma con el resultado real de cada comprobación anotado, incluidas las que no pasaron.

¿Es obligatorio hacer FAT?

No siempre es posible, porque hay equipamiento que no se puede armar fuera de sitio. Cuando el alcance lo permite, nuestra recomendación es hacerlo, porque corregir en fábrica, con el equipo accesible y el fabricante delante, sale mucho más barato que corregir en obra con la instalación montada y el plazo corriendo.

¿Quién paga las pruebas?

Normalmente están dentro del alcance del proyecto y así debería estar escrito en el contrato. Lo que conviene verificar antes de firmar es si el desplazamiento del personal del cliente al FAT está incluido, porque esa es la partida que suele quedar fuera.

Conversemos sobre su proyecto

Si va a recibir un sistema de automatización, seguridad o telecomunicaciones y todavía no sabe qué pruebas le van a hacer ni quién firma qué, esa conversación conviene tenerla antes del pliego. Después de firmado, lo que no quedó escrito se negocia desde una posición mucho peor.

En nuestros proyectos las pruebas y el commissioning son parte del alcance, no un extra. El recorrido completo está en nuestra metodología de trabajo, y si está decidiendo cómo contratar, lo explicamos en el artículo sobre proyectos llave en mano.


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