Cómo trabajamos
Actuamos como consultor principal con gerencia integrada del proyecto, bajo metodología PMI y PM4R. Eso significa que la coordinación entre disciplinas, el control del alcance y la respuesta cuando algo falla son nuestros, no del cliente.
En un proyecto tecnológico casi nunca falla un equipo: falla la unión entre dos. El punto donde la red se encuentra con el sistema de control, o donde la obra civil se encuentra con la eléctrica. Si cada disciplina la contrata un proveedor distinto, esa unión no tiene dueño, y aparece justo cuando el proyecto está por entregarse.
Contratar la gerencia integrada es poner un responsable ahí. Menos ambigüedad en el alcance, mitigación de los riesgos técnicos y operativos, y mejor control de la inversión, el plazo y la calidad.
Cada proyecto tiene su forma, pero el recorrido es siempre el mismo y lo importante no es cuántas etapas se cuenten, sino que ninguna se salte.
No hay una sola etapa culpable. Un mal diseño genera un problema que se arrastra hasta el final; un buen diseño con una mala implementación da problemas igual. Por eso el control se reparte a lo largo de todo el recorrido y no se concentra en la entrega.
Lo que sí se repite en campo son cuatro cosas: se trabaja sin norma, no hay mantenimiento preventivo porque el equipo «está funcionando», la documentación no corresponde a la instalación, y nadie audita la calidad de las señales que envían los equipos. Las cuatro se previenen con método, no con más presupuesto.
Que un solo integrador coordina y entrega el proyecto completo, desde la definición hasta la puesta en marcha. La ventaja real no es de comodidad sino de responsabilidad: cuando algo falla en la unión entre dos disciplinas, hay un único responsable de resolverlo.
Cuando el presupuesto es ajustado para el alcance que se pide y la calidad no se puede sacrificar. En ese escenario es más honesto reducir el alcance o ejecutar por fases que forzar un llave en mano que va a apretar por algún lado.
El FAT prueba los equipos en fábrica, junto al fabricante, antes de que lleguen a la obra. El SAT los prueba ya instalados, en sitio. En los proyectos donde hay FAT se pueden hacer correcciones y personalizaciones antes de implementar, y reconfirmar o corregir los datos planteados durante el diseño.
Que el riesgo se transfiere hasta la obra. Detectar algo a tiempo en fábrica evita llevar ese problema al sitio o, como mínimo, permite anticiparlo. Saltárselo no ahorra trabajo: lo traslada al momento y al lugar donde cuesta más.
Es el registro de cómo quedó la instalación realmente, frente al diseño con el que se empezó. Importa porque es lo que permite operar, ampliar y diagnosticar después. En campo encontramos con frecuencia documentación que no corresponde a la realidad, casi siempre porque un arreglo temporal se quedó permanente y nadie actualizó el plano.
Cuéntenos qué necesita resolver y le decimos con franqueza qué alcance le conviene.